Un digestivo para Mistura

Escribe: Vanessa Rolfini @rutasgolosas 

 

Un principio de la buena mesa es que si la comida y la bebida están elaboradas con buenos productos, no deberían causar trastornos ni malestares en el sistema digestivo, es decir, desde la boca hasta el ano. Es más, no debería provocar ni resaca. De lo contrario, es un motivo claro de suspicacia. Basta imaginar la situación de entrar a un restaurant y que le entreguen al comensal un digestivo y antidiarreico apenas cruza el umbral. ¿Qué hacer entonces? Con toda seguridad salir corriendo, con la firme convicción de no regresar.

Cuando se trata de Mistura situación es la misma, digamos que básicamente se convierte en una cuestión de escala. No daba crédito a mis ojos cuando en la entrada un par de chicas sonrientes entregaban sobrecitos con Bismutol, ese líquido rosado, viscoso, con sabor artificial entre fresa y tierra que alivia cualquier malestar estomacal y trastorno digestivo. La primera impresión genera una interrogante simple y desgarradora sobre la gran feria de comida nacional: ¿la cocina peruana necesita un digestivo?

Me cuesta creer que un país que se vanagloria - y con razón- de su acervo gastronómico, permita que en pleno ingreso de su vitrina más importante, se distribuya a diestra y siniestra un remedio contra la indigestión. Un acto tan simple podría pasar desapercibido, pero no, empaña todo el trabajo que le ha costado años a un país que ha logrado posicionar su gastronomía como bandera.

Las felicitaciones en dado caso van para el equipo de mercadeo de Bismutol, que logró colarse en un ambiente de gente amante de la buena mesa, que va dispuesta a disfrutar sin límites ni contemplaciones las delicias que ofrece Mistura. Un incuestionable “excelente” en la calificación de desempeño, para una estrategia que da sin errores en el centro de la diana.

Ahora, ¿acaso nadie pensó en el mensaje que arroja una acción de mercadeo de este tipo sobre la imagen de la gastronomía peruana? Me niego a pensar que la propuesta económica fue tan buena que se tornó irresistible, o a lo mejor en un acto de ingenuidad nadie ha medido las consecuencias. No lo sé. Pero en comunicación y mercadeo no hay acciones pequeñas, en especial en ámbitos de tales dimensiones y con tanta exposición.

Indiscutiblemente, la gastronomía es más que comer y beber. Tiene que ver con la calidad de vida y eso pasa por el bienestar corporal y mental. Desde que Brillat-Savarin publicó su Fisiología del Gusto (1826), hasta autoras más recientes como Mary Roach y Bee Wilson, vinculan al cuerpo con lo que se lleva a la boca, el proceso digestivo al placer de comer y como es de esperarse en este terreno están presentes malestares, enfermedades, incomodidades y bocados indigeribles para el cuerpo.

Lo que sorprende es que se haga tan obvia la vinculación de la ingesta con la indigestión. La advertencia es clara y las reglas de juego cantadas, por eso regalan un sobrecito con la solución. Lo cierto, es que tal vez poca gente se haya detenido a pensar en esto, en especial, cocineros, restauradores y productores que con gran esfuerzo e ilusión participan, que desean quedar bien porque saben que cualquier acierto o error en Mistura se multiplica.

Todo tiene su espacio, Bismutol con toda seguridad cumple lo que promete, al igual que Mistura donde la oferta culinaria es tan buena que se pueden dar el lujo de regalar digestivos, porque confían en la calidad de lo que el visitante encontrará. Quiero pensar que es así. Mientras tanto, me vienen a la cabeza las palabras del investigador español Carlos Castilla del Pino, “del sobre entendido nace el malentendido”.

 

 

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