Mistura en el Rímac: alegrías y preocupaciones

 Escribe: Manuel Cadenas Mujica / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Por distintas razones, va a ser muy interesante el traslado de Mistura a los predios del Rímac, en fechas que calzan con el Día de la Canción Criolla (del 26 de octubre al 5 de noviembre) en un barrio –mi barrio– que ha sido cunda y jaranero, cuna del criollismo como Barrios Altos o el Cercado. Pero también, la nueva sede despierta una serie de preguntas que, esperamos, se vayan respondiendo y previendo desde ya por Apega.

Emociona profundamente que un distrito tan venido a menos y olvidado con el de Abajo el Puente concite la atención local y extranjera gracias a la feria gastronómica. Alicaído desde mediados de los años 80, cuando se abrió la prolongación avenida Tacna y una ola de líneas de transporte y de comercios violentaron su pícara pero apacible existencia, recibió en esa misma década el golpe que significó para sus ingresos municipales la mudanza de dos residentes emblemáticos: la cervecera Backus y la embotelladora Lindley, de Inca Kola.

Fue inevitable entonces que 20 años después de vivir un florecimiento urbanístico clasemediero (cuando su zona rural se transformó en urbanizaciones y un primer Belaunde creó la Unidad Vecinal del Rímac), una gran parte de sus antiguos moradores decidiera emigrar hacia otros espacios de la capital en que recuperar la vida tranquila de antaño.

 

Ubicación actual del Club Internacional Revólver del Rimac (Imagen: Google Maps).

 

Pues aunque las invasiones en días de Velasco habían tomado por asalto los cerros que la cercan y hecho desaparecer la legendaria Pampa de Amancaes, y pese también a que ciertos jirones antiguos fueron siempre barrio de arrabal y malevaje, el Rímac de mis recuerdos fue más bien espacio popular que marginal, con ecos vivos de aquella Lima Criolla del 1900 que celebraba Eudocio Carrera en su libro del mismo nombre.

Precisamente en esa antología de crónicas tradicionistas encontramos muchísimas referencias a la profunda raigambre gastronómica bajopontina. Las estampas que nos ofrece Carrera sobre lo que fueron las fiestas de San Juan todos los 24 de junio en la Pampa de Amancaes las equiparan casi con lo que ha significado para la revaloración del repertorio culinario nacional la feria Mistura en estos últimos diez años. Fiestas de anticuchos y demás géneros de la parrilla criolla, pachamancas, causas y butifarras, también rociadas de chichas y, cómo no, del doctor Copaiba, del agua bendita, del agua de nieves, es decir, del pisco.

También rememora el tradicionista de El Comercio las incursiones de la célebre Palizada Limeña en los territorios rimenses (donde reciben bautizo porque una palizada –hoy huayco– los tomó por sorpresa en medio de cierta mataperrada), tanto para agasajar el paladar en fondas como la de los piuranos Chunga y Vilela, o la de los limeños Manongo Andrade y las hermanas Valdiviezo; como para peregrinar a los templos de Venus que con clásico eufemismo llamaban los viejos “casas de tolerancia”.

 

Entrada Club Internacional Revólver (Foto: Internet)

 

 

Aquellas fondas fueron, sin duda, precedente de legendarios restaurantes bajopontinos, como el inolvidable de Rosita Ríos –en la urbanización Ciudad y Campo, ojo con ese nombre– y el célebre Rinconcito Cajamarquino. En cada esquina un anticucho, en cada cuadra un picarón, a la vuelta de la esquina las yuquitas y más allá los ranfañotes y sanguitos, ha sido el Rímac del barrio de Malambo siempre un espacio gastronómico que toca a Mistura revalorar al tomar como nueva sede (ojalá por muchos años, como dice Bernardo Roca Rey) el tradicional Club Internacional Revólver, en plena Alameda de los Descalzos, en las faldas del San Cristóbal, a un paso de un Museo del Vino, del Paseo de Aguas que culmina en lo que fue casa de la Perricholi y oficina de Backus, muy cerca de la Plaza de Acho y al lado del Convento de los Descalzos en donde se realizó hoy la Porciúncula como hace siglos.

En estos tiempos, en cambio, pese a la obstinación de los antiguos rimenses que permanecen en el distrito –¡tantos amigos, mi propia madre y hermanos!–, el distrito adolece de un conocido y serio problema de inseguridad que ha hecho proliferar en muchos sectores el enrejamiento de las calles como última medida para tratar de frenar, de algún modo, la delincuencia. Además, también sufre de permanentes embotellamientos de tránsito, tanto de entrada como de salida, no solo en las horas punta sino casi todo el día, pues es necesario atravesar el Centro Histórico de Lima para llegar al Rímac. Hoy mismo, desatada una marcha de maestros en el Cercado, fue para muchos imposible llegar a la conferencia de prensa.

 

Vista nocturna aérea de Mistura en la Costa Verde (Foto: Mary Sáenz)

 

 

Bernardo Roca Rey, presidente de Apega, ha declarado de manera muy optimista sobre la seguridad del distrito para la feria y señala que tienen un plan muy detallado para ello, pero ha colocado también la pelota en la cancha de los rimenses: ha dicho que son los vecinos quienes tienen que comprarse el pleito de la seguridad para que Mistura sea posible en el Rímac. ¿Estarán los rimenses de acuerdo con eso? ¿Lo habrá consultado el alcalde Peramás con su comuna? ¿No están suficientemente atribulados ya esos vecinos como para cargar con una responsabilidad como esa? ¿No es esa tarea acaso del Ministerio del Interior y de la autoridad municipal? ¿A quién reclamarán los visitantes de Mistura si son asaltados al entrar o salir de la feria? ¿A los vecinos?

No debe tomarse a la ligera este aspecto, porque sabemos que una gran parte de la afluencia a la feria la componen gastroturistas extranjeros. No debe dejarse al último momento ni en manos de los vecinos, que es lo mismo que ponerlo en manos de nadie.

Por otra parte, también el asunto del tránsito debe ser resuelto, no solo por los atolladeros que ya son un dolor de cabeza para los vecinos y se pueden agravar aún más con la cantidad de público que atrae Mistura, sino también por lo que significará el estacionamiento y la llegada de las camiones de proveedores a una zona declarada monumento histórico, de calles estrechas que no están preparadas para esa clase de circulación.

Como rimense de corazón, aunque ya no viva allí, es un orgullo saber que Mistura se va Abajo el Puente. Pero que Apega se asegure de que lo haga para aportar, no para perjudicar.

 

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