Gastroturismo: una oportunidad para el Perú

Cualquiera que ponga un pie en el extranjero y tenga los oídos atentos tardará poco en escuchar, incluso de bocas ajenas y desligadas del mundillo gastronómico, alguna clase de referencia a lo que significa el Perú en materia del sabor.

 

Escribe: Manuel Cadenas Mujica

Nuestro país ha conseguido generar en el mundo una poderosa expectativa respecto de su valor culinario y eso no es ya una jamonería patriotera sino una realidad que, como menciono, se puede palpar al descuido.

Hace poco, en paso de Mendoza hacia Santiago de Chile, me tocó en suerte precisamente escuchar la conversación entre ciudadanos de distintas nacionalidades y oír la encendida descripción que hacía un argentino radicado en la capital chilena sobre la receta de la crema de huancaína. Amén de las imprecisiones, lo que se destaca es que hablamos del comensal de a pie, cotidiano, termómetro inmejorable de la temperatura en que se encuentra la expectativa sobre la cocina peruana de la que hablamos.

A pocas horas de la realización del II Foro Mundial de Turismo Gastronómico de la OMT, en que decenas de especialistas de todo el orbe reflexionarán sobre temas como los retos del turismo gastronómico, las buenas prácticas del turismo gastronómico a nivel mundial, el desarrollo de productos y experiencias en el gastroturismo, y sobre la formación profesional que se requiere en este ámbito, es oportuno que todo el país se entone con esa reflexión, porque la expectativa generada en el exterior requiere de una respuesta apropiada si queremos en verdad satisfacerla y posicionarnos como un destino gastronómico realmente a la altura de la demanda, que aporte a la tan ansiada diversidad productiva.

Aunque pueda caer en saco roto, los primeros en considerar esta reflexión tendrían que ser los candidatos a la presidencia. Sea que toque a Kuczinsky o a Fujimori tomar en sus manos la administración del país, requieren urgente cambio de chip al respecto, porque según mencioné en esta editorial hace algunos meses, ninguno de los aspirantes al sillón de Pizarro ha incluido de manera explícita plan alguno para el desarrollo de la cadena gastronómica, que como indicó Mariano Valderrama en el reciente Congreso Internacional de Gastronomía de Apega, ha dejado de ser solo un arte para transformarse en una industria, que da trabajo nada menos que a seis millones de peruanos, directa o indirectamente.

Por supuesto, a todos los involucrados en esta cadena corresponde saberse parte de la misma y asumirlo con responsabilidad, pues muchas veces los aspectos menos visibles pueden ser los más sensibles. Por ejemplo, la rigurosidad con que se asume el compromiso con la salubridad; muchas veces he recibido comentarios de trabajadores de algunos conocidos restaurantes sobre la poca prolijidad no de los propietarios ni de los encargados, sino de bartenders o personal de segundo nivel en el uso, por ejemplo, del agua potable; irresponsabilidad que podría acarrear terribles consecuencias en la experiencia de los consumidores y de los gastroturistas. Ni que hablar, entonces, de otros aspectos mucho más expuestos en la cadena. Así de delicado es el asunto.

Pero también toca a los peruanos comunes y silvestres comprender que nuestro país está hoy en el ojo del mundo y ser, por tanto, embajadores cada uno de nuestra marca país. Nuestra amabilidad y civilidad debe estar a flor de piel ahora más que nunca. No perdamos esta oportunidad.

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