El pisco no es el mejor ejemplo, señor presidente

Escribe: Manuel Cadenas 

 

En su reciente viaje a Tingo María, el presidente de la república estuvo presente en una feria de café, y al ver la gran proliferación de marcas (más de 400), razonó que lo más apropiado para este sector, que cuenta con 155 000 productores, era desarrollar una marca colectiva propia para conquistar nuevos mercados. Lo mismo planteó para el cacao, que tiene más de 85 000 productores. La propuesta parece sensata, pero ¿es realmente ese el camino que requieren estos sectores?

Para sustentar esta propuesta, el presidente puso como ejemplo ¡el pisco!, en el que hay cerca de 500 empresas con autorización de uso de esa denominación de origen. La pregunta que surge de inmediato es, ¿a cuál marca colectiva se refiere? Evidentemente, el presidente Kuczynski conoce el caso del pisco de una manera bastante superficial.

Como se sabe, existe una distorsión muy seria respecto de las cifras oficiales sobre exportación de pisco. Según información de ADEX, entre enero y julio de 2016 se había exportado “pisco” por un valor de 4,5 millones de dólares, de los cuales el 34 por ciento fue a Chile, convertido en el principal importador de “pisco” desde hace varios años. Sin embargo, el producto que sale a Chile no lo hace bajo la protección legal de la denominación de origen pisco, sino bajo el rubro “aguardiente de uva”, por lo cual legalmente no es pisco.

Aunque esa exportación no es ilegal, no puede ser considerada dentro de las cifras oficiales, como se hace, porque al no salir bajo la denominación de origen no existe forma de garantizar que el producto exportado lo sea. Y por esa razón, aunque parezca una criollada muy inteligente, puede acarrear serios problemas pues el consumidor extranjero (chileno principalmente) puede quejarse y con razón de publicidad engañosa por parte del Estado peruano. De modo que el ejemplo del pisco no parece el más apropiado para sustentar la propuesta.

Sin embargo, productores de café como el reconocido Wilson Sucaticona (Puno) y Pedro Ñahui (Ayacucho), vieron con buenos ojos la propuesta presidencial y opinaron a favor, bajo la suposición de que esta iniciativa significaría asistencia técnica, entre otros beneficios, para los pequeños productores. ¿Realmente es así? Volviendo al ejemplo del pisco, amén del loable trabajo desplegado por CITE agroindustrial (ex CiteVid), lo cierto es que el desarrollo tecnológico y técnico de esta denominación de origen ha sido obra estrictamente privada.

Lamentablemente, hasta el momento, la expectativa de los destacados productores cafetaleros sobre lo que supondría el desarrollo e impulso de una marca única por parte del Estado, no cuenta con ejemplos auspiciosos. Todas las denominaciones de origen de naturaleza agroindustrial, por ejemplo, se encuentran en estado de abandono, con cero desarrollo de ningún orden. Por el contrario, les ha resultado hasta perjudicial haber sido declaradas así, como se comprueba en el caso del maíz gigante del Cusco. Personalmente he recorrido la zona y los productores se quejan de la competencia desleal de sus pares de Ayacucho y Apurímac, quienes a falta de regulación alguna cultivan y venden su maíz como si fuera el gigante del Cusco a menor precio, restando mercado al Valle Sagrado.

Esto no quiere decir que la articulación de la cadena no sea importante, o que no sea necesaria y hasta indispensable la asociatividad, pero en otros términos y bajo el liderazgo privado. Salvo casos como el de Quellouno, en que su municipalidad se ha comprometido estrechamente con sus productores de café y cacao para sacar adelante una marca colectiva, el posicionamiento de estos sectores se debe a haber superado por iniciativa propia el estadío inicial de reconversión de cultivos en el caso de las ex zonas cocaleras y de mejoramiento de los procesos en el caso de –por ejemplo– los cacaos de origen piurano.

Lo que requieren en todo caso estas zonas productoras no es que el Estado fuerce una asociatividad vertical, que siempre ha sido contraproducente y estéril en términos concretos y reales más allá de la foto, sino más bien que este las dote de la infraestructura necesaria para su desarrollo: concretamente, agua, carreteras, colegios, centros de salud, como señaló con acierto el mandatario en su visita.

Siempre mencionaré el caso del anexo La Quemazón, en el distrito de San Juan del Bigote, provincia de Morropón, Piura, de donde salen los cacaos peruanos más premiados mundialmente, origen de los granos de marcas de chocolates nacionales que empiezan a dar que hablar en el mundo. Mientras sus productores piden pozos de agua, el alcalde prefiere construir un estadio de fútbol. Eso es lo que tiene que cambiar.

Pero, por otro lado, en esta propuesta presidencial se observa la misma perspectiva estatal que, en el caso del pisco, sigue generando un posicionamiento poco favorable al destilado peruano: lo que el presidente del Consejo Regulador del Mezcal, el mexicano Hipócrates Nolasco, identifica como la perspectiva “volumétrica” en el caso de productos cuya naturaleza intrínseca demanda más bien una perspectiva “de calidad”.

Esto es: si a un producto cuyo nicho de mercado natural en el mundo es el de los productos premium lo empujas a competir en los mercados de volumen, lo obligas a competir por precio y no por calidad, generando una carrera hacia abajo para ahorrar costos, que suele generar adulteración o elección de insumos de baja calidad (variedades de granos, de uvas, nula selección) que terminan por desaparecer las características únicas e irrepetibles que hacían competitivo a ese producto, con peligro de volverlo un genérico más. Un verdadero despropósito que se manifiesta, en el caso del pisco, de manera dramática.

La verdad es que productos emblemáticos del Perú como son el pisco, el café y el cacao no requieren de muletas ni andadores, porque saben caminar perfectamente. Lo que necesitan son caminos despejados de trabas. Menos fotos y más infraestructura y regulación efectiva, para dejarlos hacer lo que saben hacer mejor que nadie.

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