Turismo: que esta industria no venda humo

Escribe Manuel Cadenas Mujica / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

 

En las últimas semanas, el Perú viene participando de una serie de foros de turismo en Europa. Hace poco, estuvo presente por primera vez en la sala de aventura de la ITB Berlín 2017, una de las ferias más importantes del mundo, y a partir de este 15 de marzo está –junto con Colombia y Brasil– en la Bolsa de Turismo de Lisboa (BTL), que espera recibir a más de 75 000 personas (entre profesionales del rubro y público en general) y 1200 entidades de 42 países hasta el próximo domingo.

Mientras que Perú viene enfatizando su oferta como mejor destino para la aventura y el disfrute de la naturaleza, Brasil ha realizado un anuncio que obliga a una reflexión que complemente el ofrecimiento de atractivos que se viene realizando con éxito por parte de nuestro país: el vecino amazónico señala que presentará una propuesta para “hacer la vida más fácil al turista”, como una estrategia para que este sector se convierta en un motor de su recuperación económica nacional.

Si bien se trata de dos realidades geográficas y culturales con características muy peculiares las de ambos países sudamericanos, es importante rescatar el concepto: un turismo orientado no solamente a atraer la demanda, sino a fidelizarla.

En el caso de Perú, eso tiene una proyección que rebasa la idea de “desmachupizar” la oferta turística, es decir, de un turismo que vaya más allá de MachuPicchu, sobre lo cual ya se viene trabajando con cierto éxito, y se espera una consolidación a partir de proyectos que ya se encuentra en operación, como el teleférico de Kuélap recientemente puesto en marcha o el nuevo circuito de la Reserva de Paracas.

En cierto sentido, la flexibilización de los requisitos exigidos a las agencias de viajes y turismo del país que están interesadas en formar parte de la lista de empresas turísticas peruanas recomendadas para facilitar los viajes de grupos organizados de ciudadanos chinos al Perú, que ha anunciado el viceministerio de Turismo, puede contarse como un paso adelante en el sentido de “hacer la vida más fácil al turista”, pero apenas se relaciona de manera indirecta, pues a quien se le hace la vida más fácil, en realidad, es a las agencias de viajes.

Si se quiere ir más a fondo en ese sentido, es necesario tomar un derrotero más agresivo en materia de infraestructura, que es el principal déficit del turismo nacional. Principalmente el que tiene que ver con una mayor conectividad interna, es decir, más y mejores rutas nacionales que acerquen los destinos, pero que también permitan un mayor confort del visitante, con menos horas de espera y más oferta para escoger. En ese sentido, una segunda pista para el aeropuerto Jorge Chávez es un clamor que ya no puede esperar más para ser atendido, pues en la actualidad el déficit ha rebasado el 60 por ciento, situación insostenible en cualquier aeropuerto del mundo, una verdadera alerta incluso para la seguridad.

Pero no siempre la creación de más aeropuertos será la solución. Más allá de los aspectos técnicos que se cuestionan al aeropuerto de Chinchero, o de la conyuntura política que atraviesa el proyecto y que lo tiene detenido, cabe preguntarse si su construcción y puesta en marcha realmente colabora con el objetivo de desmachupizar el turismo peruano.

Hay en realidad temas estructurales de la realidad peruana que si no se atienden como es debido, tarde o temprano salpican sobre el vestido blanco de la actividad turística, frustrando la experiencia o forzando un retroceso de décadas en la consolidación de destinos alternativos. Como es, por ejemplo, las tareas oportuna prevención de desastres naturales. Imposible ignorar que una zona como la costa norte peruana, por ejemplo, es proclive a las lluvias torrenciales e inundaciones, pero poco o nada se ha hecho para desarrollar sistemas de drenaje efectivos y otras medidas que atenúen el impacto de la furia de la naturaleza también sobre el turismo.

Esa falta de planes de contingencia hace que, por ejemplo, las playas norteñas que se han consolidado como principales destinos turísticos del verano (ubicadas la mayoría cerca de Paita y Talara), en especial durante Semana Santa, presentarán una disminución de ingresos en el sector del 50 por ciento entre marzo y abril debido a los riesgos de posibles derrumbes y deslizamientos de barro sobre las vías de acceso, la destrucción de viviendas por las lluvias y una posible alza desmedida en la marea.

Actualmente Piura registra entre 15 000 y 20 000 kilómetros de carretera malograda, muchos precisamente en esa ruta. Pero a pesar de eso, aplicativos como Hopper señalan que dicha región figura como segundo destino más solicitado después de Cusco. Lo que quiere decir que todavía hay una oportunidad que aprovechar con el turismo aplicando una visión de conjunto que considere todos los aspectos en que se puede hacer la vida más fácil al turista. Y no que la industria sin humo termine siendo la industria que vende humo.

 

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