No ir a Bruselas es solo una aspirina para el dolor del pisco

Escribe: Manuel Cadenas Mujica / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

La decisión de los organizadores del Concurso Mundial de Bruselas de realizar la sección dedicada a los espirituosos nada menos que en la zona “pisquera” chilena, e impedir al Perú inscribir sus piscos –que deben hacerlo bajo la denominación de “aguardiente de uva”– demanda algunas reflexiones que intentan ir más allá del anuncio de no participación que han realizado vía redes sociales algunas marcas de pisco. Pues si bien esta decisión es acertada y justa, y todos los productores peruanos tendrían que adoptarla al unísono, resulta de todos modos insuficiente y apenas un gesto insular que difícilmente contrarrestará no solo el golpe externo que esta situación significa para la denominación de origen pisco, sino también todo lo que esta viene siendo socavada desde dentro.

No parece una inocentada por parte del Concurso de Bruselas. En la misiva que dirigen al productor Enrique Luque Vásquez (y según nos refiere el presidente de la Academia del Pisco, Martín Santa María, también en la respuesta a un correo suyo), los organizadores empiezan su argumentación de modo inequívoco: “No es desconocida la disputa que sostienen Chile y Perú por las denominación de origen pisco”. De modo que la pregunta que surge de inmediato es, ¿y por qué entonces, si se conoce plenamente las dimensiones de esta controversia internacional, tomaron la decisión de trasladarse precisamente a la zona en que el vecino del sur elabora su pretendido “pisco”? ¿No es esta por sí misma una manera por demás elocuente de expresar su apoyo ante el mundo a una de las posiciones?

En lenguaje coloquial esto se conoce como “comprarse pleito ajeno”. Y vaya que Bruselas lo ha hecho: no ha tenido el menor empacho de incluir en la difusión que realiza a nivel mundial toda la información relativa al destilado chileno, sin filtro alguno, directamente bebida de la documentación enviada por la asociación de productores del aguardiente de ese país. Imposible que la organización del concurso ignore el enorme impacto que eso producirá a favor de la posición chilena, toda vez que convoca decenas de catadores, periodistas, productores de vinos y espirituosos de todo el mundo, y demás involucrados en la gran industria global de las bebidas y la gastronomía. Después de Bruselas, luego que todo este influyente mar humano haya recorrido Elqui y alrededores, ¿podrán decir los organizadores que no han tomado partido en la disputa por la denominación de origen?

Descartada la posibilidad de un desliz, no queda sino creer que esta decisión de tomar partido en una controversia internacional ha llegado con entendimientos de alguna clase desde la pasada edición realizada en Tequila. Pues de no existir una toma de posición de parte de los organizadores, lo esperado habría sido que desista de realizar el concurso en cualquier de las dos naciones en disputa, salvo que estas lleguen a un acuerdo previo para la participación de los productos de ambos países en igualdad de condiciones. Pero no decimos que un entendimiento de esta clase constituya necesariamente una conducta impropia de instituciones de alcance mundial como esta del concurso de Bruselas. Es más bien una jugada maestra de la diplomacia vitivinícola chilena que la peruana ni siquiera advirtió. Y si la advirtió, la contempló con total displicencia.

Lo que propone Bruselas como “premio consuelo” es que Perú acepte intervenir renunciando a la denominación de origen en disputa y participe como “aguardiente de uva del Perú”, bajo la promesa de que, posteriormente, publicará en su página web los resultados indicando Piscos del Perú: es a todas luces una treta que no entendemos cómo concilia con la ética cuando en las categorías en concurso no figura tal rubro. Lo que se propone es poco menos que engatusar al jurado que cató “aguardiente de uva del Perú” sin saber que eran Piscos del Perú; propone a los productores peruanos participar de una simulación internacional realmente vergonzosa.

 ¿Nos indigna? ¿Decimos “de ninguna manera”? Pues es aquí en donde los contrasentidos nos juegan en contra, ese doble rasero que está socavando la denominación de origen pisco también desde dentro. Porque, ¿con qué cara le diremos a Bruselas que nos abstenemos de participar en el concurso si eso significa renunciar a la denominación de origen pisco para adoptar el nombre de “aguardiente de uva peruano” cuando eso se viene haciendo todos los meses precisamente en el país chileno, con bodegas peruanas que exportan su producto bajo esa denominación, pero juegan a que el consumidor de ese país piense que es pisco? Quizás por eso se entienda que ni la Cancillería peruana ni Produce ni Indecopi ni ninguna otra institución del Estado se haya pronunciado, pues son los primeros en celebrar la criollada de vender a Chile pisco (si es que lo es) bajo el nombre de aguardiente de uva, los primeros en festejar esos logros de sus estadísticas de exportación.

Claro, todo esto importará un poco si es que, de verdad, productores y autoridades se creen la teoría de que la denominación de origen pisco es exclusivamente peruana. Que la disputa con Chile es principalmente por el uso de ese nombre. En la práctica, parece que no. Por eso, mientras se siga practicando una doble moral en el mundo del pisco, con la pantomina de una regulación que no regula nada y permite la impunidad a los adulteradores, con la simulada exportación como aguardiente de uva precisamente al país con quien se sostiene la disputa por la denominación de origen, gestos elocuentes pero insulares como el de no participar en el concurso de Bruselas o cualquier otro lograrán poco o nada en contrarrestar los golpes a la causa de la peruanidad del pisco.

 

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