Incluso en materia gastronómica, desde afuera se piensa al Perú como un país eminentemente andino. Y no falta razón. Después de la Amazonía, es la zona más extensa de nuestro territorio, sobre la que se han desarrollado la mayor parte de las culturas que han ido conformando la peruanidad como definición histórica y también la que ha aportado –junto con la Moche y costeña en general– la mayor tradición culinaria prehispánica, apoyada en sus productos originarios, que han establecido una poderosa hegemonía en la gastronomía peruana republicana y contemporánea.
Es mejor muchas veces aprender de la experiencia ajena que esperar a tener la propia, porque suele ser un camino mucho más corto que se beneficia de mirarse en el espejo de los aciertos pero también de los errores del prójimo. En ese sentido, el trayecto recorrido por Argentina en materia de promoción de sus vinos tiene muchísimo que hablarle al Perú en lo que a las bebidas –principalmente el pisco– se refiere. Porque no es gratuito, sino producto de una cuidadosa estrategia, que el vino argentino haya desplazado en consumo al vino chileno en el mercado norteamericano.
La vida está hecha de tiempo, y el tiempo tiene sus marcas, sus huellas, el testimonio de que en verdad pasamos por ella y supimos poner nuestra cuota. Fechas, efemérides, celebraciones, onomásticos, no son sino esa manera con que nos eternizamos a fuerza de recordar ese transcurso breve pero intenso que es la existencia. Hoy para La Yema del Gusto es un día definitivamente especial, la consumación de un propósito y un esfuerzo, una visión y una fe. Hoy nacemos oficialmente, adquirimos partida de nacimiento, afirmamos una conciencia de ser y de hacer que nos va distinguiendo ya en este periodo en que hemos estado en línea a modo de prueba.
Ya el cóctel de bandera, con toda su sabrosa rotundidad bien elaborada con los grandes piscos que se prodigan de Lima a Tacna, resulta un elíxir al que hay que tomar con suma precaución para evitar estragos atribuibles al dulzor y a las tres onzas de pisco que lleva en el vientre, como para que además se cuele entre los palos una insana costumbre que pone en peligro no solamente la integridad física y la salud del incauto consumidor sino además el prestigio internacional de nuestro pisco, porque desgraciadamente quien lo consume primero que nadie es el turista. Esa macabra pócima se hace llamar “pisco sour de cortesía” y tiene como residencia permanente el Cusco y otras ciudades turísticas, aunque también pasee por Lima de cuando en cuando.
Como hace mucho tiempo no ocurría, estas celebraciones patrias han adquirido un tono festivo que se respira en el ambiente, se advierte en los rostros, se escucha en las voces y se disfruta también en los paladares. Porque para alegría de quienes estamos involucrados de alma, corazón y vida con el desarrollo y difusión de nuestra gastronomía, ésta se ha convertido en columna vertebral de un despertar nacional que más temprano que tarde nos conducirá a recuperar definitivamente el rumbo como pueblo, a retomar ese espacio que nos hemos mezquinado durante décadas.
El boom de la gastronomía peruana es indiscutible. Quién sabe hace algunos años ni nosotros mismos terminábamos de creernos aquello de que la peruana era la tercera culinaria del mundo, porque ni era verdad ni aunque lo hubiese sido estábamos preparados en forma alguna para asumir un rol así. Sin embargo, hoy no forma parte de un discurso local sino de un reconocimiento internacional.
Conviene celebrar la gastronomía. Ninguna otra actividad nacional ha sido, es y será un elemento de cohesión más poderoso entre los peruanos. De hecho, según nos hace ver “esa posteridad contemporánea que son los extranjeros” (a decir de Ernesto Sabato), los peruanos hablamos de comida todo el santo día, así como los argentinos hablan de fútbol y los venezolanos de Hugo Chávez (muy a su pesar). Hablamos, pensamos, vivimos, soñamos, amamos alrededor de mesas y platos, y es de las pocas cosas sobre las que no tenemos ganas de enemistarnos demasiado, porque ahí no más llegará algún piqueo y se habrá guisado por fin el desaguisado.
Desde su perspectiva “lúdica, placentera y lujuriosa”, ha puesto sobre el tapete el chef Mauricio Asta la cuestión de si el verdadero sabor –vulgo “lo rico” – ha de estar reñido, necesariamente, con lo saludable. Una observación que se hace tanto más importante considerar cuando, en la reciente cumbre de la OEA, hubo por ahí voces que altisonaron afirmando que el menú peruanísimo que se prodigó a la elevada concurrencia había ocasionado estragos nada placenteros, precisamente, por la elevada dosis de “sabor” ahí inoculados (valgan verdades, ni un peruano de pura cepa podría salvar el pellejo ante la tremebunda dosis de pisco sour y mescolanzas de platos que lindaban en lo anárquico).
Página 7 de 8

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter

Últimas Noticias

Contacto

Director Fundador

Manuel Cadenas Mujica

mcadenas@layemadelgusto.com 

993371106

 

Editora

Mary Sáenz

msaenz@layemadelgusto.com

942723633 --> whatsapp

          

Publicidad

mcadenas@layemadelgusto.com 

msaenz@layemadelgusto.com

993371106

 

 

Jr. Kenko 240 - Dpto. 302

Santiago de Surco 

Lima 33