Escribe: Enrique Luque/ Especial para La Yema de Gusto y Tiempo Real

 

La inquietud de establecer la fecha más remota que fuese el punto de partida ideal para celebrar el Día del Pisco Arequipeño me llevó a investigar exhaustivamente los orígenes de la vinicultura en mi región. Pronto me topé con que parecía una misión condenada al fracaso, pues a más de versiones diferentes, datos aislados y explicaciones puramente doctrinales, en algunos casos inciertas y contradictorias, adolecían de un problema mayor: la falta de fuentes concretas.

 

El presente artículo pretende establecer una base documental sólida sobre el origen de la actividad vitivinícola de Arequipa y su transcendencia nacional. Y es que existen muchas versiones sobre dónde fueron plantadas las primeras vides en el Perú: algunos señalan que en Lima, otros que en Cuzco, Ica, Arequipa o Moquegua. En esta publicación zanjaremos las dudas y precisaremos este dato con base en una fuente de primera mano y con carácter de prueba cierta.

–LA PRIMERA CÉDULA GENÉRICA–

Es indiscutible que la vitis vinífera (la familia de vides con que se elaboran mundialmente vinos y destilados de origen vitivinícola) proviene del Viejo Mundo y llegó con la conquista española de América en el año de 1493. Fue Colón quien en su segundo viaje transportó algunos sarmientos de vid a la isla de Santo Domingo, aunque no prosperaron. También es cierto que en América del Norte existían especies silvestres de vid, las llamadas “cimarronas”, que apenas se podía comer y menos podían ser utilizadas para hacer vino.

Años después, en 1531, se expidió en forma genérica, para todo el territorio americano conquistado, una Real Cédula de Carlos I que ordenaba a la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de autorizar y supervisar los viajes y el comercio, “que de aquí en adelante, todos los maestres que fueren a nuestras Indias, que lleven cada uno en su navío la cantidad que les pareciere de plantas de viña” (1). No obstante, por segunda vez quedó frustrado este intento, sobre todo en parte de América Central y México, así como en Colombia y Venezuela, debido a sus condiciones climáticas desfavorables.

Aunque existen diversas explicaciones respecto de la evolución de la viticultura en América, todas coinciden en que la plantación y producción de vino se expandió a varias ciudades.

Antiguas tinajas en Bodega Estremadoyro en Arequipa (Foto: Mary Sáenz)

–VERSIONES ENCONTRADAS–
Las primeras referencias doctrinales sobre la planta de vid en el Perú son las del jesuita Bernabé Cobo, citado por Dargent. Él las ubica en la capital peruana.

“Donde primero se plantaron parras en él y se dieron uvas fue en esta ciudad de Lima, a la cual el primero que trajo y plantó la vid fue uno de sus primeros pobladores, llamado Hernando de Montenegro; y el primer año que cogió en abundancia de uvas para vender fue el de 1551” (2).

Es otra la posición del reconocido cronista y escritor Inca Garcilaso de la Vega, en el Capítulo XXV: “De la vid, y del primero que metió uvas en el Cozco”, donde narra in extenso:

“Francisco de Caravantes, antiguo conquistador, de los primeros del Perú, natural de Toledo, hombre noble. Este caballero, viendo la tierra con algún asiento y quietud, envió a España por planta, y el que vino por ella, por llevarla más fresca, la llevó de las islas Canarias, de uva prieta, y así salió casi toda la uva tinta, y el vino es todo aloque, no del todo tinto; y aunque han llevado ya otras muchas plantas, hasta la moscatel” (3).

Esta referencia especifica, inclusive, algunas variedades emblemáticas del sur, como son la negra criolla y la moscatel.

Más recientes son las investigaciones de Carlos Buller, quien hace un estudio en su Capítulo 3 de La vinicultura arequipeña entre 1550-1769 (4), en que señala precisamente que ese primer año fue el inicio de la plantación de vid en el terruño arequipeño. Además detalla el modo en que fueron adquiridas esas tierras.

“Todo indica que fue gracias a las adjudicaciones del cabildo que emergieron las plantaciones de viña en la región Arequipa” (5).
Tinajas virreynales datan de 1745 (Foto: Mary Sáenz)

Esta aportación coincide con las de otros autores como Davies, quien categóricamente expresa que “las primeras viñas evolucionaron de la designación de tierras en los márgenes del rio Vítor, otorgadas por el Cabildo en 1557” (6).

Se confirma la atribución –errada– al gobierno local, y en una fecha equivocadamente tardía, de la plantación de uvas en Arequipa, toda vez que existen crónicas que testimonian el cultivo de la vid por vez primera en la región en el valle de Caravelí, en 1548, en la encomienda de Hernando Álvarez de Carmona y bajo los auspicios de los padres jesuitas

Por otro lado, Kendall Brown hace referencia a que “la prosperidad arequipeña dependía de la vitalidad de la viticultura. De la vid se sacaba el vino y aguardiente” (7). Y en cuanto a la primera plantación, hace un importante aporte con una nueva teoría lógica desde punto de vista histórico de los lugares y las fechas. Citando a Germán Leguía y Martínez, sostiene que “los cultivos de vid se implantaron muy tempranamente en la región. Alrededor de 1555, Bartolomé Terrazas, un miembro de la expedición de Almagro a Chile, obtuvo vides de uva de las Islas Canarias plantándolas en Condesuyos, al noroeste de Arequipa. Al año siguiente los residentes de la Ciudad Blanca empezaron a cultivarlas en el valle de Vítor” (8).

Lo cierto es que en los valles interandinos de Chuquibamba existen vides ancestrales poco conocidas; hasta la fecha no existe un estudio genético de la vid “vinera” llamada aceituna que confirmaría en parte esta versión; también es posible que después llegara al Valle de Majes, donde también existe la vid “vinera” cantarita, de origen desconocido, además de las vides ya conocidas.

En lo que respecta a Moquegua, recuérdese que entonces no escapaba al dominio arequipeño: la propagación de los viñedos en este valle llevó a fundar la villa de Moquegua en 1626 (9). Sin embargo, otros autores expresan que con anterioridad a esa fecha ya había llegado la plantación de vid a Moquegua. Con precisión, el padre Lizárraga.

“(…) indicar que más temprana relativa a la producción de vino, al lado de la visita a Chucuito de 1567, en la que Garci Diez de San Miguel señaló que en Moquegua Juan de Castro y Hernán Bueno y un Cansino han plantado muchas viñas” (10).

Es decir, se plantaron las primeras vides alrededor de 1565. Y cómo no mencionar al respecto el gran trabajo del historiador Lorenzo Huertas Vallejos en su Cronología de la Producción del Vino y del Pisco. Perú 1548–2010; es evidente que no encontró fecha anterior para el cultivo de la vid en el Perú.

–IMPRECISIONES AL PIE DE LA LETRA–

Por otro lado, si observamos los fundamentos de las normas legales recientes acerca del pisco, como la del 13 de junio de 2016, la Ley 304060 que Declara de Interés Nacional la Promoción y Difusión del Vino Peruano y del Pisco como Bebidas Nacionales, encontramos en el Análisis de la Propuesta de la Historia del Pisco en el Perú del proyecto, textualmente señala el último considerando:

“Los historiadores coinciden en que las primeras uvas las trajo el Marqués Francisco de Caravantes en 1553, muy probablemente de las islas Canarias, en el Océano Atlántico frente a las costas del África. No obstante, existe un acalorado debate sobre dónde se originó la producción del vino en Perú, pero queda claro que en 1563 se inició el cultivo de viñedos en las soleadas tierras del valle de lca, con la intención de producir sus propios vinos…”.

Como se afirma, Ica empezó décadas después la plantación de vides.

Por su parte, el Gobierno Regional de Arequipa, el 16 de febrero de 2017, ha aprobado la Ordenanza Regional N° 367, que declara el Día del Pisco Arequipeño, y la Ruta del Pisco como atractivo turístico de la región Arequipa. Su parte considerativa expresa lo siguiente sobre el tema que nos convoca:

“Coincidiendo los historiadores que las primeras uvas y los primeros cultivos de viñedos las trajo el Marqués Francisco de Caravantes, muy probablemente de las islas Canarias (…), desarrollándose una intensa actividad vitivinícola durante los siglos XVII y XVIII”.

Es notable que no haga ninguna referencia, ni cercana siquiera, al inicio de las plantaciones de vid en Arequipa. Muy por el contrario, las ubica lejanamente, en el siglo XVII.

Según se puede comprobar, son repetitivos e inexactos los argumentos sobre el origen de la plantación de vid en el Perú y América. Sus bases documentales y jurídicas, además, lucen pobres.

–HALLAZGO QUE CAMBIA LA HISTORIA–

Un dato tan importante para la vitivinicultura arequipeña en particular y peruana en general, que contribuye además a la tesis sobre la peruanidad del pisco –que es el destino natural de la producción vitivinícola–, no podía quedar librado así a la imprecisión. Había que hurgar hasta encontrar un sustento sólido y un origen firme para los primeros cultivos de la vid en el suelo nacional; y así hicimos, hasta que finalmente lo hallamos. Documentadamente, ahora se puede saber que la uva se plantó por primera vez en el Perú en los terruños de Arequipa.

Nuestro hallazgo señala que fue el Rey de España quien determinó y eligió como tierra fértil y favorable a Arequipa, luego de su fundación española por García Manuel de Carvajal como la “muy noble y muy leal” villa de Arequipa, ocurrida un 15 de agosto de 1540 por el Escribano Alonso de Luque, según consta de su acta de fundación, y a la que por Real Cédula el año de 1541 se le concede el título de Ciudad.

Apenas un año después, el Rey expidió una Cédula Real en Valladolid el 4 de marzo de 1542 dirigida al Gobernador del Perú, en la que dispone primigeniamente la plantación de viñas para los vecinos de Arequipa, encontrándose su matriz en el Archivo General de Indias, Legajo 566, Libro IV, folio 302. A la letra dice:

“Cédula Real al Gobernador del Perú, para que dé y señale a los vecinos de Arequipa, solares en que puedan hacer casas y caballerías y dé tierras en que plantes árboles y viñas.
Valladolid, 4 de marzo de 1542
El Rey nuestro governador ques o fuere de la provincia del perú, Alonso rruiz en nombre de los Conquistadores y vecinos de la ciudad de Arequipa me han hecho rrelacion que junto a la dicha ciuda ay muchos termynos dispuestos para plantar Arboles e viñas y sembrar pan y otras graxerias y me suplicó vos mandase que a los vecinos de la dicha ciudad que no tienen estancias para sus ganados se las diesedes e asy mesmo solares para hacer casas y cavallerias de tierras para sembrar mayz y donde pudiesen plantar Arboles y poner viñas y heridos de molinos pues todo hera para que la dicha ciudad se poblase y ennobleciese o como la mi merced fuese por ende yo vos mando que deis y señaléis a los vecinos de la dicha ciudad de Arequipa solares en que puedan hacer cassas y cavallerias de tierras en que pongan Arboles y viñas y otras plantas y en que tengan sus ganados y siembren mayz e asy mesmo quando algún vezino della pidiera sytio para hacer molinos proveais en ello lo que os pareciere y vieredes que conviene a nuestro servicio y a la población e perpetuidad de la dicha tierra que en ello me serviréis fecha en la Villa de Valladolid A quatro días del mes de marzo de mil e quinientos y quarenta e dos años – señalada de los dichos. – doctor beltran – Obispo de lugo – doctor bernal – el licenciado gutierre velazquez” (11).

Esta norma es de extrema importancia, la más alta en cuanto a la actividad vitivinícola en el territorio sudamericano de la que se tenga conocimiento. No existe norma similar o de menor antigüedad para otra ciudad del Perú ni Sudamérica –aparte de la cédula genérica indicada– que tenga el máximo rango real y que esté dirigida a un colectivo determinado.
Tanto más importante si tomamos en cuenta que nunca fue citada por ningún tratadista, desde el más remoto Inca Garcilaso de la Vega hasta los actuales, cuyas referencias muchas veces se contradicen unas a otras.

Y es más valiosa todavía si se considera que ha sido rescatada del olvido de los Archivos Generales de Indias, si bien es cierto que su desconocimiento se debe quizás a que Carlos V recién a fines de 1542 convocó a una junta de juristas en Barcelona, la cual origina la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas (12), después la compilación de las Leyes de Indias, y precisamente esta cédula fue expedida meses antes de generarse este cuerpo de leyes.

–PARTIDA DE NACIMIENTO LEGAL–

Recién a partir de del siglo XVI Arequipa se convirtió en uno de los polos vitivinícolas de América, sino el más importante, por su alta producción, llegando a la cúspide en los siglos XVII y XVIII cuando abasteció el consumo del virreinato. El periodo de auge se registró entre 1770 y 1816, último año este “en que los valles arequipeños produjeron 1’471 000 arrobas de vino” (13). De acuerdo con las proporciones de la época, para alcanzar estas cifras se requerirían quince millones de plantas (50,8 por ciento de viñedos sudamericanos). Tocaba a Ica el segundo lugar, con diez millones de cepas (33,9 por ciento).

Mucha menor relevancia tenían las viñas de la actual Argentina, en el corregimiento de Cuyo, que cultivaba 4 millones de parras (13,5 por ciento). Y en este contexto, que es vital para entender el origen peruano del pisco, el papel de Coquimbo en Chile, con sus 0,5 millones de cepas, es ínfimo: representaba apenas el 1,6 por ciento del viñedo sudamericano (14).

El hallazgo de la Cédula Real del 4 de marzo de 1542 aclara muchos mitos y servirá para formular nuevas teorías y confirmar otras que quedaron en entredicho, sobre todo –como hemos dicho– sobre el verdadero origen de nuestro vino y pisco. Máxime por su rango legal de primera orden, expedida por el propio Rey de España, creando un derecho colectivo y no individual para los vecinos de Arequipa, ordenando las primeras plantaciones en un territorio determinado. Cuando menos, no queda duda alguna de que Arequipa fue el primer pueblo sudamericano en cultivar vid, constituyéndose en el más antiguo y primer polo vitivinícola de América.

La Real Cédula que publicamos es, pues, la partida de nacimiento legal del arte y la ciencia del cultivo de la vid de Arequipa, en el Perú y en Sudamérica. Salud con pisco por eso.

(*) ENRIQUE LUQUE VÁSQUEZ
Agricultor, productor de pisco, abogado y notario público.
Catedrático UPSM: Teoría General del Derecho – Historia Constitucional Peruana – Historia de las Ideas Políticas.

1 Emilio Maurín Navarro. Contribución al estudio de la vitivinicultura argentina. Instituto Nacional de Vitivinicultura, Mendoza, 1967, pág. 13
2 Dargent Chamot, Eduardo. Vino y Pisco en la Historia del Perú. Lima 2013, pág. 27.
3 Inca Garcilaso de la Vega. Primera Parte de Comentarios Reales de los Incas. Lisboa, Libro Noveno, Capitulo XXV, Año MDCIX, pág. 495.
4 Buller, Carlos. Vinos, aguardientes y mercado. Lima Quellca, Centro de Estudios Andinos, primera edición, 2011, pág. 105.
5 Buller, Carlos. Vinos, aguardientes y mercado. Lima Quellca, Centro de Estudios Andinos, primera edición, 2011, pág. 111.
6 B Davies, Keith A. Viñedos y propietarios en la Arequipa del S. XVI. 1992, pág. 3.
7 Kendall W. Brown. Bordones y aguardiente. Banco Central de Reserva del Perú, Lima, 2008 pág. 62.
8 Kendall W. Brown. Bordones y aguardiente. Banco Central de Reserva del Perú, Lima, 2008 pág. 63.
9 Kendall W. Brown. Bordones y aguardiente. Banco Central de Reserva del Perú, Lima, 2008 pág. 63.
10 Gutierrez, 2008, pág. 44.
11 Cedula Real Valladolid 4 de Marzo de 1542. Archivo General de Indias Leg. 566 Lib. IV fol. 302.
12 Diaz Majano, Francisco. El Derecho Indiano El Proceso Recopilatorio. 2015, pág. 10.
13 Buller, Carlos. Vinos, aguardientes y mercado. Lima Quellca, Centro de Estudios Andinos, primera edición, 2011, pág. 148.
14 Lacoste, Pablo. Santiago de Chile, 2016, pág. 28.