Eduardo Marturet: «La música estimula el apetito»

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Deliciosa entrevista al músico venezolano autor de la banda sonora de «A mí me gusta», aclamado filme venezolano.

Desde Venezuela, escribe Vanessa Rolfini

La música tiene sabor o por lo menos así se percibe en muchas culturas. En Venezuela, por ejemplo, si alguien tiene ritmo o una canción tiene swing, le decimos «sabrosa», como si se pudiera comer.

Bastó una breve pregunta en un muro de Facebook preguntando qué canciones asociaban la música y la gastronomía para que en menos de diez minutos, más de cincuenta respuestas soprendieran a propios y extraños.

Durante días, enlaces a canciones y videos terminaron sumando más de doscientas opciones, que abarcan desde la canción de juegos infantiles como “arroz con leche” o “los pollos de mi cazuela”, pasando por Iris Chacón, Guaco, Maná, Juan Luis Guerra, Un Solo Pueblo, La Dimensión Latina, Calle 13, Rubén Blades, Desorden Público, Simón Díaz, Rosario Flores, Henry Stephen, Lila Morillo, UB40 hasta Serenata Guayanesa y Hanna Montana. Una mezcolanza difícil de asimilar, pero que tiene en común canciones donde el tema central es la comida.

La receta de la banda sonora

Pero la música no se queda sólo en el tema de la letra. El ritmo influencia emociones, alborota recuerdos, hasta despierta el hambre. Ejemplos interesantes son las películas que centran su trama en la mesa, donde las pasiones van al unísono con el hambre o el placer de comer, y en esos casos la música acompaña la exaltación del apetito.

Incuestionable la música de “Cómo agua para chocolate”, “El festín de Babette”, “Delicatesen”, “Chocolat”, por sólo mencionar algunas. También la música de la película venezolana , “A mí me gusta”, ópera prima del director Ralph Kinnard, cuya banda sonora estuvo a cargo de director Eduardo Marturet, uno de los talentos musicales criollos más reconocidos en el exterior, a quien entrevistamos.

— Cuando se ocupó de la banda sonora de la película “A mí me gusta”, en los momentos en que la música tenía relación con alimentos específicamente, ¿qué sonidos asociaba más?
Cuando produje la música para “A mí me gusta”, más que por la comida, mi selección estuvo asociada a la acción. Por ejemplo, cuando Tina Klioumi, en su papel de la antipática chef alemana Inga, se ponía insoportable, la música era más rítmica y agresiva. Pero también por la letra de algunas canciones, como es el caso de “Clavo y canela” de Luz Marina, que sirvió para hilar y acentuar algunas escenas que en la trama estaban conectadas, dándoles ese toque sensual, tropical y cargado de esa energía tan especial de la comida venezolana, que hacían los chef locales versus la comida de los chef extranjeros, que venían a enseñarles cómo cocinar.

—¿Cree que la música y lo que comemos están vinculados? ¿por qué? ¿qué tipo de vínculos?
La música es un gran estimulante de la memoria y, por asociación, podemos desear algún tipo de comida. A mí me sucede con la música griega y la árabe, especialmente si tengo hambre, me hacen recordar la comida completa y sensual de esa cocina, porque en los restaurantes griegos y árabes suelen poner siempre un tipo específico de música de esos países.

—¿Cuál es el sonido de los sabores?
Hay algunos sabores que inmediatamente me remiten a un sonido específico. Para mí el chocolate está definitivamente en La menor, el helado de guanábana en Re menor, el mango en La mayor, la pasta en Fa mayor, el sushi en Re bemol mayor…

— Canción (es) o melodía (s) que lo conecten con el apetito, con el placer de comer.
Siempre algo suave y tranquilo, preferiblemente sin letra, instrumental. Si es una cena romántica, con velas y todo, los dúos de guitarra que compuse para la película Manuela Sáenz, o las piezas para piano que compuse para Oriana.  Si es un desayuno criollo, la tranquilidad onírica de mi “Canto llano”. Las evocaciones musicales intensas son más bien propias para otro tipo de actividades antes o después de la mesa.

— ¿Cree que en el momento indicado una melodía puede despertar o aniquilar el apetito ?
¡Absolutamente! Prefiero un ambiente musical más bien tranquilo a la hora de sentarse a comer, especialmente si uno tiene compañía y desea conversar. Hay restaurantes excelentes que arruinan la atmosfera al poner música, que en la opinión de ellos, agrada a los comensales pero en realidad los atormenta. Hay algunos restaurantes que se esmeran en contratar música en vivo, un buen pianista, un arpa, o un cuarteto de cuerdas, tocando algo suave puede ser muy agradable y estimulante, pero la flauta de Huáscar Barradas es ya demasiado intenso, puede fácilmente convertirse en un sarao sin fin.

— Autores que han asociado su trabajo musical al tema de la alimentación.
La receta del Tournedo Rossini, un clásico de la comida francesa, inventado por Gioachino Rossini, compositor de «El barbero de Sevilla». Además de ser un gran compositor, Rossini fue un gran amante de los vinos y la buena mesa, después de cada concierto lo más importante para él era comer. En las cocinas de los mejores restaurantes de París inspiraba a los grandes chef a hacer platos que ahora llevan su nombre. Cansado de comer siempre la misma receta del clásico tournedo francés en el Cafe Anglais, un día le sugirió a su chef, Adolphe Duglere, colocarlo sobre una rebanada de pan poniéndole arriba un medallón de foie con trufas frescas!