Las pasiones del multimillonario Donald Hess

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Para quien sabe de vinos, el apellido Hess no es extraño, menos el nombre de Donald, cervecero suizo presidente de Hess Family Estates, que llevó a su familia a invertir en las mejores regiones vitivinícolas del mundo como Napa Valley en California, Salta en Argentina y en Sudáfrica. Apasionado, su vida se divide entre viñedos y caldos de alta gama, y la Hess Art Collection, que inició hace más de 40 años.

       

Un proceso que ha llevado a Hess no solo desarrollar una sensibilidad especial con respecto a la creación plástica sino, que también, ha cambiado su manera de hacer vinos. “Hace más de 30 años, el artistas suizo Rolf Iseli, se negó a venderme un cuadro porque no estaba de acuerdo con la manera en que producía mis productos, decía que era un modelo contaminante. Gracias a ese acontecimiento cambiamos todo y ahora nuestra empresa tiene un compromiso ecológico y todas nuestras bodegas y viñedos se rigen bajo prácticas orgánicas, sostenibles y biodinámicas”, ha dicho.

Considerado por la prestigiosa revista de arte, ARTnews, como uno de los 200 coleccionistas de arte más importantes de la última década, Donal Hess, expone desde 1989 su colección en el Hess Collection Winery, museo ubicado en la bodega que su familia posee en Napa Valley, una antigua construcción que data de 1903.  Pero eso no queda ahí, este mecenas moderno, posee además, otros espacios dedicado al arte en su bodega Glen Carlou en Sudáfrica y en las Bodega Colome en Salta, Argentina. En este último lugar, se ubica el Museo James Turrel, un centro que reúne nueve obras, basados en espacio y la luz, del famoso artista de Lan Art estadounidense.

La entrada a todos los museos de Donald Hess es libre, porque a él y a su familia, lo que les interesa, es compartir este legado, con todo aquel que tenga la suficiente sensibilidad para para apreciarlo. Una colección que posee piezas de artista emblemáticos de la talla de Robert Rauschenberg o Francis Bacon, pasando por el talento de jóvenes creadores como Hifumi Ogawa y Federico Robilee.

Una inversión millonaria que según Hess no se trata solo de recopilar objetos sino que es una práctica nace de la profunda convicción de que los artistas son la voz subconsciente de nuestra mente colectiva. “La gente comete el error de pensar que la función del artistas solo se da en la  periferia y se olviden de su función como indicador de cuestiones que requieren nuestra atención”, opina Donald y no le falta razón, el arte, como el vino, está ligado a la historia del hombre que los produce, su entorno y la sociedad que los acoge.