Mad Drinks

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Tras siete temporadas, la galardonada serie de Lionsgate Television llegó a su fin, pero no la sed que ha desatado por la coctelería clásica.

No ha sido fácil decir adiós a Don Draper. Durante siete temporadas, los avatares de este genio de la publicidad y sus compañeros de Sterling Cooper & Partners nos mantuvieron enganchados a la pantalla chica. No ha sido fácil despedirse de Don Draper y el derroche de glamour irresistible propio de los sesenta. Una época agitada y convulsa que evolucionaba entre avances tecnológicos, movimientos revolucionarios, la Guerra Fría, la primavera de Praga, el mayo francés, el nacimiento del rock, la liberación femenina, el asesinato de John F. Kennedy y la llegada del hombre a la Luna, llegando el fin de la trama a inicios de los vertiginosos años setenta.

Si se tiene en cuenta el estilo de esos tiempos, no es extraño que el episodio estreno de la premiada serie tenga lugar en un bar, que bien podría ser el Grand Central Oyster Bar de Brooklyn, Nueva York, famoso por sus dieciséis variedades de ostras y su maridaje con martinis. Va corriendo la trama entre hombres engominados y mujeres elegantes, socializando entre tragos y cigarrillos. ¿Demasiado humo y alcohol? “Así eran esos tiempos”, comentó alguna vez el creador de la serie, Matthew Weiner. “La gente tomaba más y todo el tiempo. Ellos tomaban en sus autos, en el trabajo, por la mañana en su oficina”. Y se podría agregar que hasta en la consulta médica.

La verdadera coestrella

Para Roger Sterling la elección no es un misterio, sino más bien un poco obvia: el Martini. ¿Por qué? En primer lugar, porque a diferencia de Don prefería los espirituosos claros como el gin y el vodka, y en segundo, pues se consideraba el cóctel de su clase social. Roger era un fiel cumplidor del tradicional “lunch de los tres martinis”: uno como aperitivo, otro con el plato principal y uno más al final. Un Martini tradicional lleva gin, dry vermouth y aceitunas verdes, no obstante el favorito de Roger (Gibson Martini) incluye 2 ½ onzas de vodka, ¾ de onza de dry vermouth y dos o tres cebollitas cocktail. Aunque, a decir verdad, no se hacía problemas si la receta variaba un poco.

Un Manhattan en Manhattan

Peter Campbell, nacido y criado en Nueva York, el presumido de la serie, se inclinaba por el Manhattan. Tal vez porque es un clásico que a todos gusta y a nadie decepciona o porque no tiene pierde. Con Peter nunca había sorpresas, así de predecible. Este coctel lleva 1 ¾ onza de bourbon, ¾ de vermouth rosso, un dash de bitters aromáticos y piel de naranja.

No hay que olvidar a Peggy Olson. Una mujer que se abre paso, en un mundo donde los altos cargos ejecutivos eran exclusivos de varones, a punta de determinación y talento, pero que mantiene su lado femenino, aunque a veces es un poco ingenua. El Brandy Alexander plasma perfectamente el espíritu Olson: por un lado dulce casi como postre; por otro, fuerte con mucha potencia alcohólica.

highball), añadir 2 onzas de gin, completar con agua con gas y decorar con una rodaja de limón Tahití y cereza.

Fiebre de cócteles vintage

El Mint Julep es la bebida oficial del Derby de Kentucky, estupendo para el caluroso y húmedo verano del sur americano. Para Betty Francis (primera esposa de Don), el Mint Julep es el “refresco” perfecto para los adultos el día del sexto cumpleaños de Sally. Se prepara con bourbon, menta, azúcar granulada y jugo de limón Tahití. Se sirve preferiblemente en vasos con pajilla de metal para conservar la temperatura.

Podríamos seguir con la lista, que por cierto es larguísima, en donde definitivamente no faltaría el Mai Tai de Rachel Menken, el vodka Gimlet de Betty Draper, el Gin Fizz de Joan Harris y los imprescindibles Bloody Mary.

Sin duda, Weiner logró su cometido y pintó de cuerpo entero el espíritu de la época. En la memoria, resulta imposible imaginar una escena de Mad Men sin un pequeño bar en la sala o en la oficina, sin Don Draper dando cuenta de un Old–fashioned o sin Roger Sterling atendiendo a un cliente sin un Martini. Quién podrá negar que en medio de la serie ha corrido alguna vez al bar propio a intentar una receta con que acompañarlos.

Estos y otros cócteles vintage llevan ya un tiempo reinstalados en las barras a nivel mundial. En nuestro país, el floreciente mercado de espirituosos de lujo se presta para ofrecerlos tanto en sus recetas clásicas como versionadas, a lo que se suma la capacitación constante y el talento de los cantineros.

Quien quiera disfrutarlos, puede hacer como yo y pedírselos a Fernando Córdova en Stragos Hanzo (Calle General Borgoño 245, Miraflores) o Andy Valderrama en el Social Bar del Hotel Hilton (Avenida La Paz 1099, Miraflores).

Experimente el efecto Mad Men. 

 
 
Artículo originalmente publicado en la revista Catering & Gastronomía edición 1.