Por: Claudia Gilardi-Magnan Atkins, Licenciada en Nutrición y Dietética

Esta tendencia de alimentación saludable ha hecho del wellness “el protagonista en el cuidado juicioso de nuestro bienestar”. Esto no sorprende, ya que cada vez más descubrimos en carne propia la conexión entre la alimentación y la salud. Es decir, que “somos lo que comemos”, según la frase acuñada por Ludwig Feuerbach, filósofo y antropólogo alemán.

El aumento vertiginoso de la alimentación deficiente, la obesidad, el sedentarismo, entre otras, generan consecuencias para la salud de todos los que trabajamos in situ o remotamente (como ya venimos haciendo desde hace algún tiempo). Las personas sedentarias o con problemas de sobrepeso, además del riesgo de padecer resistencia a la insulina, diabetes, hipertensión, etcétera, serían más lentas en sus funciones cerebrales y tendrían menos dosis de energía para el día a día.

En oposición, en el lado del cuidado de la alimentación, varios estudios han demostrado que las personas que toman buenas decisiones en cuanto a su bienestar son más saludables, felices, productivas, faltan menos al trabajo y gastan menos en salud. Así lo expone un artículo del Journal of the American Medical Association: las personas que siguieron un estilo de vida enfocado en la salud y en el bienestar visitaron al doctor 17 por ciento menos y redujeron visitas médicas por enfermedades menores en un 35 por ciento, durante el año de la investigación. 

Los que se alimentan sanamente son más felices y productivas según el Journal of the American Medican Association.

Otro estudio, realizado por Alix Partners, sobre el mercado norteamericano de alimentos y bebidas, indica que la meta más importante de los encuestados en cuanto a salud y bienestar es tener “una mejor calidad de vida”. Esta variable se posicionó en un 46 por ciento arriba de la longevidad o de la apariencia física. En este estudio, el 59 por ciento de consumidores dijeron, que “comer sano” es su acción más importante, lo que fue seguido por el ítem “hacer ejercicio”, con un 54 por ciento.

No obstante, no todas las personas y no todos los programas de bienestar pueden mostrar resultados positivos. Aquellos que sí están bien organizados y que siguen modelos efectivos de cambio de comportamiento, mostrarían los mejores resultados. Lo destacable de todo este escenario resulta ser que tener comportamientos saludables, no por unos días o semanas, sino el mantenerlos de por vida, no solo tendrían beneficios de forma individual, sino que también, influirían en el bienestar colectivo de nuestra sociedad. 

¿Tú que estás haciendo por tu bienestar y dónde te gustaría ubicarte?