Review: La Bodeguita Del Medio y sus nostalgias peruanas

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Escribe Gaby Mora
Desde Sidney, Australia, especial para LYG

Hace pocas semanas, después de entrevistar al chef ejecutivo de La Bodeguita Del Medio Danny Parreno, me presentó al jefe de cocina Nelson Burgos y ambos amablemente prepararon una degustación de platos para mí.

Completamente inmersa en el ambiente latino como nunca antes desde que llegué a Sydney, me senté y me puse cómoda. La música salsa que salía de los parlantes no se sentía para nada fuera de lugar, y si no fuera porque las meseras hablaban inglés habría jurado que estaba en algún lugar más cercano a casa.

Para empezar la cena, me ofrecieron pan. Las opciones eran aceitunas y quinua; evidentemente escogí la segunda. El pan estaba tibio y no pude resistir untarlo con la mantequilla que colocaron en la mesa, pero sí probé algunos bocados sin ella para apreciar el sabor desnudo del pan. Quinua blanca y roja, además de otras semillas (no estoy segura si eran de amapola o chia), habían sido generosamente incorporadas a la masa, dándole al pan ese sabor a fruto seco tan familiar para mí. {jathumbnail}{jathumbnail off}

El primer plato fue Tiradito de vieiras con aderezo de ají amarillo y langostino. Un ingrediente adicional e inesperado fue aceite de ajonjolí, el cual funcionó perfectamente con la dulzura de las conchas. La salsa era sedosa y deliciosa, aunque sospecho que algunas personas la pueden encontrar muy picante. 

Algunos minutos después llegó mi trago. No soy muy fanática del Mojito y definitivamente no soy fanática de los cócteles en Australia (que tienden a ser muy bajos en contenido alcohólico y caros) pero este trago me hizo cambiar de opinión. Con la fuerza de un cóctel de verdad y un balance perfecto de dulce y agrio, demostró por qué La Bodeguita es la casa del Mojito.

El siguiente plato en llegar será incluido en la carta de invierno y fue, sin lugar a duda, mi favorito de la noche: Sopa de yuca con tierra de aceitunas y ñoquis de tamal. La presentación era preciosa, la «tierra» de aceitunas decorada con micro hierbas me recordó un pedazo de tierra entrando a la sopa como si ésta fuera un enorme lago. En cuanto a la textura, el plato también encontró la perfección: la sopa aterciopelada no se volvió aburrida gracias a la crocante «tierra» de aceitunas y la suavidad de las almohadas de tamal. Por último, el sabor fue increíble. Como buena peruana he comido yuca toda mi vida pero nunca hecha puré como el personaje principal de una sopa. Se sentía el almidón y una ligera dulzura. Las aceitunas eran suficientemente saladas como para proveer contraste y los pequeños tamales tenían ese sabor a maíz sudamericano que es imposible encontrar acá. Realmente fue un momento mágico.

El siguiente plato es, según Danny, uno de los más pedidos en el bar. Las croquetas de malanga (croquetas de taro servidas con salsa de ají de gallina) vino con un acompañamiento de tiras de pepinillo encurtidas, con una frescura agridulce para mantener las cosas interesantes. Las croquetas tenían bastante almidón como se esperaba, de repente estaban ligeramente bajas de sazón, pero puedo imaginar que funcionan perfectamente como piqueos para acompañar unos tragos. La salsa de ají de gallina estuvo sabrosa y combinó muy bien con las croquetas.

Las croquetas estuvieron seguidas por el plato más popular del restaurante (venden entre 45 y 50 unidades por noche). Inspirado por el mole mexicano, Danny decidió buscar el mejor chocolate posible, cargado con especias, y usarlo en combinación con un ave diferente (el mole normalmente se sirve con pavo o pollo). Así es como nació el Pato con chocolate. Habiendo comido mole y otros platos salados con chocolate, no fue un gran shock para mí. La carne estaba perfectamente cociday los sabores de la salsa de chocolate y el puré de camote la complementaron bien, gracias a la dulzura de ambos, pero también a las especias usadas. Entiendo por qué tanta gente regresa al restaurante para pedir este plato en particular.

Esta degustación improvisada estaba llegando a su fin y se me estaba acabando la capacidad estomacal. Afortunadamente el postre era congelado, y como mi abuelita solía decir acerca del helado: «se chorrea por los costaditos». La mesera llegó a la mesa con el plato más espectacular de la noche. Un vaso esférico contenía el postre y estaba cubierto por una tapa cónica de vidrio que tenía una hoja de menta en el medio, así como ese conocido humo blanco saliendo de ella. Sí, nitrógeno líquido. Me indicaron que agarre la hoja y la muerda. Estaba helada e increíblemente crocante, pero retenía su sabor característico. Luego la mesera echó el nitrógeno líquido en el vaso y me dijo que espere a que el humo se desvanezca para empezar a comer. Una vez que lo hizo, apareció lo que asemejaba un hermoso jardín japonés o el fondo del océano. Era casi demasiado bonito para comer, pero lo tenía que probar. El postre se llama Mojito… una vez más y está compuesto de granita de limón, menta, ron y sherbet. Con el sabor fresco y distintivo de la menta aún en mi boca procedí a probar los distintos componentes de este dulce final de la comida para adultos. Había amargor, dulzura moderada, elementos crujientes y sedosos todos trabajando juntos en perfecto balance. Un postre genial.

Aún cuando normalmente evito tomar café después de la hora de almuerzo sentí que necesitaba una bebida no alcohólica para asentar la comida. Un excelente macchiato cerró esta maravillosa cena.

 

Gaby Mora cenó en La Bodeguita Del Medio como invitada del chef ejecutivo Danny Parreno.