Sobre nuestro pisco en el “Perú” de Nebraska

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La experta en pisco Lucero Villagarcía hace notar algunos desajustes de concepto en el manejo del tema pisquero que hace el celebrado documental de la Marca Perú. Se pudo ser más cuidadosos con la imagen del espirituoso peruano, asegura. Leamos por qué.

Escribe Lucero Villagarcía

 

Pocas veces he visto con tanta emoción un documental como el que acaba de producir y difundir Promperú como parte de la campaña Marca Perú, realizado en un pueblo de Nebraska (Estados Unidos) llamado “Perú”. El corto es protagonizado por figuras de diferentes ámbitos, desde el cultural hasta el deportivo, sin dejar de lado representantes de nuestra gastronomía. Logra tocar fibra, nos sensibiliza y a la vez nos hace sentir parte de un Perú que cada vez más nos llena de orgullo.

Dado que mi tema profesional es el pisco, quisiera comentar especialmente la secuencia en que nuestro destilado de bandera entra en escena. Creo que hubiera podido aprovecharse la oportunidad para posicionarlo como el exquisito aguardiente que es, sin necesidad de tomar un segundo más.

Lo ideal hubiera sido ver el pisco servido en la clásica copa pisquera que conocemos, y al mismo personaje guiado por un peruano para que gire la copa y se la lleve lentamente a la nariz para sentir como brotan sus seductores y encantadores aromas. Asimismo, ser guiado a que se lleve un sorbito a la boca y pueda disfrutar de ese calorcito tan propio de nuestro espirituoso, así como de sus deliciosos toques a frutas y especies, que generan una enorme sensación de placer. Y es que no podemos olvidarnos que precisamente la magia del pisco está en la diversidad de las uvas pisqueras que nos entregan una infinidad de aromas y sabores, dependiendo la uva con la que fue elaborado.

De esta manera, sin duda, el personaje de Nebraska que degustó nuestro destilado hubiera caído rendido ante los encantos del pisco, expresando una cara de absoluto placer frente a la copa, en lugar de expresar cómo el pisco no solo le está quemando  la lengua, sino hasta las entrañas. Como pasa con la gastronomía, tenemos que difundir el pisco, su entorno, su cultura y mostrar las mejores maneras de disfrutarlo: tomándolo puro, como un acompañante inmejorable para los postres, como el protagonista indiscutible y determinante de una variada coctelería o como un ingrediente de lujo en nuestra cocina.

El pisco es un destilado fino, versátil, deliciosamente sofisticado y lleno de magia, que si se toma adecuadamente, será una fuente inagotable de seducción y placer.