Una falta de información de debería avergonzarnos

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Escribe Ricardo Carpio

Ya terminó la vendimia, pero empezaron de nuevo los problemas para el producto bandera pisco. ¿Por qué? Una sencilla razón: no se cuenta con datos estadísticos de aéreas sembradas, producción real de uvas (cuantos kilos o toneladas por hectárea), así como de cuántos compran uva y la llevan a otro destino (dentro de las cinco zonas productoras) y cuántos ostentan la denominación de origen pero compran pisco a terceros para envasarlo como si fuera suyo.

Si bien tenemos un ente fiscalizador (SUNAT) que cuenta con el registro de los volúmenes vendidos por cada empresa (gracias al ISC específico), debería existir un registro también de las hectáreas sembradas con cada una de las uvas pisqueras: ese es un requisito para pedir la DO pisco a Indecopi. Tampoco se cuenta con los rendimientos exactos de cada zona productora, ni de cada variedad de uva, con lo cual regresamos a fojas cero cuando se quiere saber en verdad lla real capacidad de producción pisquera en estos momentos.

Contamos, entonces, con muchas siglas, pero pocos datos reales sobre nuestra industria pisquera. Si en verdad queremos tener un producto bandera, deberíamos contar con esa información para que nos permitirá proyectar a qué niveles de producción queremos llegar y custodiar que nuestro destilado sea un producto delicatessen.

Veamos estos entes que pueden tomar cartas en el asunto:
– El MINAG tiene un reporte de la producción de uvas, pero solo está clasificada por departamentos o valles, sin especificar de qué tipo son o cuál es su destino (de mesa, para pisco, para vino). Así como está, esa data no sirve para sincerar la producción pisquera. Por eso es necesario un real censo agrario.

– Como ya dijimos, INDECOPI debería tener la información de hectáreas sembradas de uvas pisqueras, ya que los productores consigan ese dato cuando hacen el pedido de la DO, trámite por la cual pagan una cierta cantidad de dinero, así que recursos tendría que existir para hacer el seguimiento.

– PRODUCE Y CONAPISCO no deberían limitarse a defender a sus agremiados esperando que, dada la oportunidad, les donen pisco cobrando el envío al propio productor.

Se sabe que contamos con tres grandes grupos de empresas pisqueras (grandes, medianas y pequeñas) y que, según datos del 2010, producimos aproximadamente seis millones de litros. ¿Tendremos uva (vitis vinífera) para poder producir dichos volúmenes, acordándonos que cuando uno va al mercado de la casa o supermercado encontrara en venta uva Italia y uva quebranta para el uso de mesa?

Además, se sabe que nuestra producción de uva red globe para exportación ha crecido enormemente y también que dicha uva tiene una merma del 40 por ciento sobre el total. ¿A dónde va a parar esa merma? Es un secreto a voces que el 85 por ciento de ese sobrante va directo a ciertos alambiques, a la producción de aguardiente de uva o mejor dicho de seudo pisco (ni siquiera deberíamos asociar ese término), incrementando la producción de ciertas bodegas.

¿Para qué darle al pisco la categoría de producto bandera si no se muestra la más mínima intención de respetar o hacer respetar el concepto de denominación de origen pisco? Esperamos que ahora que se ha instalado el Consejo Regulador del Pisco sea para cambiar esta situación y no terminar envueltos en ese embrollo.