¿Quién podría imaginar que en una bodega húngara que es propiedad de suecos se elabora vinos a partir de la clásica uva alemana con método de una región francesa? No es fácil creerlo, pero se trata de una historia que merece ser contada porque el resultado del proyecto es un éxito. 

En este país centroeuropeo donde la vitivinicultura es claramente arraigada a su cultura milenaria, la profunda transformación política y económica llevada a cabo hace unas tres décadas, de sistema socialista hacia el capitalismo, ha tenido un gran impacto en este sector también.

Tras el proceso de cambios, se han efectuado las privatizaciones de las propiedades estatales y cooperativas, así  como se ha hecho posible la entrada de inversiones foráneas directas también. Pese a que el sector agrario no fue receptor de muchos flujos, debido a que la propiedad restablecida se hallaba sujeta a una prohibición de venta y la legislación impedía que extranjeros poseyeran terrenos agrícolas, hacia finales de los años noventa la activa participación de los interesados ha ido modificando parcialmente la estructura propietaria de las tierras. Una cantidad modesta de inversionistas procedentes de diferentes países  se lanzó entonces a aprovechar la oportunidad de  adquirir algunas bodegas con el objetivo de generar mayor valor agregado  y, con el apropiado mercadeo, tener éxito en  las exportaciones.  La adhesión de Hungría a la Unión Europea en  2004 ha abierto nuevas posibilidades para que los pioneros en el rubro de la inversión extranjera vitivinícola sean seguidos por  varios nuevos actores privados.

Uno de ellos es Christer Sandahl, un empresario sueco, quien  en este mismo año ha fundado, junto a su hermano Thord y su esposa Gunnel, la bodega que lleva su apellido. El emprendimiento ha sido inspirado en su amor por los vinos blancos que le dejaron impresionados en sus viajes a regiones vinícolas renombradas de varios países  y  también por el paisaje pintoresco a orillas del Lago Balaton donde estuvo en cómodo cuando pasó unos días hace años atrás. La propiedad alberga el viñedo, un edificio recién construido que cuenta con una sala de degustación asi como cuatro habitaciones de huéspedes, y el espacio subterráneo destinado a la vinificación. Se sitúa en el pueblito de Badacsony donde ocupa unas 10 hectáreas asentadas en las ondulantes laderas del monte del mismo nombre, a unos 200 – 250 metros sobre el nivel del mar.

Christer Sandahl, un empresario sueco, quien  en este mismo año ha fundado, junto a su hermano Thord y su esposa Gunnel, la bodega que lleva su apellido (Foto: József Kosárka)

De esta superficie casi el 90 por ciento es plantada con la variedad riesling que expresa muy bien las características del suelo y del clima del lugar en el que la uva crece y alcanza una maduración perfecta para la primera quincena de octubre. Se la cosecha cuando los frutos todavía son los más sanos posibles, la vendimia se efectúa de manera manual, la prensa se fracciona en tres categorías, el mosto se fermenta separadamente con levaduras cultivadas de origen alsaciano, el vino se deja reposar hasta abril cuando se crea las mezclas de las diferentes partidas.  Los vinos resultantes se envejecen en tanques de acero inoxidable una media de seis meses como mínimo. (En el caso de los de más alta calidad esto tiene una duración aproximada de dos años.)

En lo que respecta al portfolio, Villa Sandahl presenta tres líneas de productos (Solid Ground, Mid Range, Rare Peak) que actúan como indicadores de calidad y permiten llegar a distintos tipos de grupo de consumidores. Con la inteción de difundir una imagen atractiva e inusual, la bodega actúa con una mentalidad «out of the box» lo que implica una actitud que está más allá de las supuestas tradicionales. Esto se refiere no solo a las gestiones dirigidas a la utilización más eficiente posible de los recursos sino también al mensaje que es trasmitido por medio de las etiquetas muy originales. Las diseña el mismo Christer quien está convencido de que los consumidores compran vino con sus ojos primero y,  en consecuencia, sus envases deben captar la atención  de inmediato. El ha tenido la idea que las series transmitan el mensaje de cada añada de estilo gráfico diferente y   ésto se presente como que el vino sea de una excelente calidad. Sin duda alguna, su etiquetado creativo y original es una gran aportación de originalidad y una apuesta por un juego visual que reta a la mente.  

Villa Sandahl presenta tres líneas de productos (Solid Ground, Mid Range, Rare Peak).

El Sandahl Ball of Fame 2017 (100% Riesling; alcohol: 14,5%, acidez: 6,0 g/l, azúcar: 5,6 g/l) es un ejemplo característico que revela la tipicidad clara del viñedo (Génesis) de donde provienen las uvas seleccionadas. A la vista presenta color amarillo paja con ligeros reflejos dorados, en nariz sobresale la intensidad de los aromas a miel y melocotón con suaves notas de azahar, en boca se muestra  sabores de frutas blancas maduras y un toque de mineralidad discreta. Equilibrado así como voluminoso y complejo, paso lento y untuoso, final de media intensidad, evolución sana con los años. (Puntaje: 93)

Hay que destacar que la región de Badacsony es un destino ideal para combinar enoturismo con descanso tranquilo y entretenimiento activo. Su poder de atracción reside en la amplia oferta de vinos elaborados a partir de diferentes uvas, tanto blancas como tintas, y en la excelente ubicación cercana al «Mar Húngaro» en cuyo agua transparente de color azul verdoso se puede admirar los viñedos reflejados con la puesta de sol de fondo. La belleza del paisaje ha cautivado a varios pintores húngaros, entre ellos a József Egry, uno de los más originales del país, en cuyas obras creadas en la primera mitad del siglo pasado “el agua, el sol, la tierra, el árbol y la casa no son ya fenómenos concretos, sino apariciones lumínicas y la proyección de un sentir cósmico del universo”. (Los estilos son de naturaleza expresionista y constructivista. Su casa situada en el pueblito de Badacsonytomaj, donde produjo la mayor parte de sus pinturas, ha sido convertida en museo que guarda varias de éstas. Otras enriquecen la colección de una docena de galerías de arte del país.)

Su casa situada en el pueblito de Badacsonytomaj, donde produjo la mayor parte de sus pinturas.

Los vinos producidos con base en las uvas tanto nativas como universales, originarias de viñedos asentados en colinas suaves y sinuosas, se han convertido en un elemento importante de la gastronomía local. Los blancos se maridan especialmente con algunos platos típicos como, por ejemplo, el pescado (lucioperca) entero frito “balatoni fogas” que figura en la mayoría de los menús de los restaurantes ribereños y puede deleitar el paladar exigente. En cuanto a este Riesling húngaro, parece ser  versátil y perfecto para acompañar los más variado platos, uno de los cuales podría ser el «rozmaringos sült tarja kemencében»  que es una chuleta de aguja con romero al horno, ideal para recibir el otoño comiendo rico.