Escribe Dr. József Kosárka / Desde Villány, Hungría – especial para LYG

Desde hace largos siglos, estas tierras albergan importantes zonas productoras de uva donde se elabora vinos consagrados que se han ganado un lugar privilegiado en la élite mundial de los más célebres al poder venir conquistando paladares exigentes con su originalidad y alta calidad.

Al mismo tiempo, los viticultores vienen trabajando no solo con variedades de moda sino con una multitud de otras indígenas y en muchos casos en parcelas pequeñas plantadas de una mezcla de éstas cuya composición en aquel entonces tampoco se pudo identificar. Con el correr del tiempo, su mayoría ha quedado prácticamente extinta debido a varios motivos, y no se encuentra mención alguna sobre ellas en documentación de archivos históricos.

No obstante, aquellas que estaban más ampliamente difundidas y posteriormente no todas sus vides se han arrancado para ser replantadas con alguna de las más populares locales o foráneas, han podido preservarse. En la actualidad, se las encuentra en viñedos abandonados o en bancos genéticos, y son cada vez más los productores que se interesan por su recuperación con la idea de dar a conocer su singularidad que lo distingue en un contexto global.

Últimamente, en países de esas latitudes donde la vid tiene todas las condiciones geoclimáticas para vegetar óptimamente y dar fruto de buena calidad, los científicos han logrado rescatar muchas variedades en peligro de extinción o prácticamente extintas, y varias bodegas pueden explotarlas con éxito. Algunos vinos elaborados a partir de éstas son alabados tanto por los profesionales como por los aficionados y se los comercializa a buen precio.

La mayor parte de la Cuenca de los Cárpatos se sitúa en el territorio histórico de Hungría en el cual a principios del siglo pasado la superficie total plantada con viñedos rondaba las 350 mil hectáreas. Las montañas circundantes constituyen una región geográfica bien delimitada formando un arco con la concavidad dirigida hacia el oeste. En ésta se encuentra dos subcuencas: la transilvanica (Rumania) que se alza a una cota de alrededor de entre 400 y 600 metros y la panónica (Hungría) que tiene una altura que oscila entre los 200 y 400 metros sobre el nivel de mar.

El doctor József Kosárka, desde Villány en Hungría relata el rescate de una de las uvas ancestrales de la Cuenca de los Cárpatos (Foto: József Kosárka)

Además de la diferencia en altura, el relieve en superficie es también distinta ya que la parte rumana es más accidentada y en la húngara es más llana y de pendiente continua. Por lo general, en la mayoría de las llanuras y de los valles el suelo es de origen fluvial, y rocoso con cenizas volcánicas en los montes. El clima es continental con influencia ligera oceánica, con precipitaciones anuales altas y cambios bruscos de temperatura bien señalados entre las estaciones.

En un registro del Instituto de Investigación Vitivinícola de la Universidad de Ciencias de Pécs (PTE – SZBK) se incluye un total de 104 variedades de uva utóctonas (ancestrales) de la Cuenca de los Cárpatos.

Una de éstas es la tinta Fekete Járdovány de origen desconocido que en días de antaño ha sido extensamente cultivada en la parte occidental de Hungría, no obstante,  hasta hace poco se pensaba extinta  hasta ser redescubierta en busca de uvas indígenas con unas características marcadas que inciden de manera diferenciadora en la personalidad del vino. Se trata de una variedad que se adapta fácilmente también a suelos poco fértiles y le importa menos la ubicación del viñedo. Tolera bien la sequía, tiene resistencia mediana a la helada y muestra moderada sensibilidad a podredumbre gris. La planta es productiva con alto rendimiento. Suele tener tronco grande y ramas extendidas adecuadas para formaciones en cordón de porte bajo.

Es de vigor notable, florece tarde y presenta maduración de media estación. Las hojas de un solo color con dientes pequeños son medianas, en la parte superior algo rugosas. Los racimos son de tamaño medio con hombros marcados y de compacidad mediana. Las bayas maduras de tamaño medio a grande y color azul oscuro tienen forma redonda con piel dura y pulpa blanda con acumulación de azúcar moderada. Según descripciones anteriores, daba vinos de ligera intensidad aromática con carga frutal mediana y taninos suaves.

El inicio de un nuevo capítulo en la historia de esta uva se data del 2004 cuando la bodega de Attila Gere, ubicada en la región de Villány, ha empezado a introducir algunas plantas de manera experimental en un terreno donde se ha creído mejor adaptarse. En los años posteriores, se observaba el saneamiento y reproducción así como se realizó micro-vinificaciones para conocer su comportamiento y encontrar su perfil diferenciador con vista a poder elaborar vinos capaces de emocionar tanto por calidad como singularidad.

En el año 2004 la bodega Attila Gere empieza a introducir la Fekete Járdovány de manera experimental (Foto: József Kosárka)

Esto se logró en 2009 al tener ya una producción de uva suficiente como para elaborar con suma delicadeza una cantidad de vino cuyas características organolépticas estuvieron acordes con las expectativas del productor. La experiencia obtenida ha demostrado que esta variedad disfruta del clima fresco que le otorga una riqueza de carga frutal con notas de especias y así se destaca su personalidad.Cuando el clima es más cálido a la planta, presenta sabores con menos toques especiados y no prevalece tanto el carácter individual. Hoy en día, se la cultiva en 1,2 hectáreas con densidad en torno a 7.200 cepas y se obtiene un promedio de 0,75 kilo de uva por planta.

La añada de 2016 hizo que el vino (alcohol: 14,0 % , acidez: 5,6 g/l, azúcar residual: 1,6 g/l, extracto seco: 31,8 g/l) fuera un objeto de deseo de los aficionado a las joyas enológicas que buscan lo diferente. Esto ha impactado con su color rojo púrpureo y una intensidad aromática que recuerda a frutas rojas (guinda, frambuesa, ciruela) así como deja ligeras sensaciones  de tostados (café, cacao) aportados por la madera (diez meses en barrica de roble de segundo uso). Es de cuerpo mediano que presenta estructura firme y elegancia con taninos blandos  que le confieren un final agradable. Hay que resaltar que en 2018 ésto ha sido incluido en la lista «Super 12» seleccionada por el Circulo de Periodistas de Vino Húngaros para destacar los mejores del año.

Al respecto, es oportuno mencionar que  Attila Gere viene de una familia de viticultores de su pueblo y no es de extrañar que pusiera en marcha su proyecto personal cuando a los comienzos de los noventa el cambio de régimen ha permitido la iniciativa privada. En la actualidad, la superficie de sus viñedos suma unas 75 hectáreas entre las diferentes fincas dentro de los límites y en los alrededores de la localidad que son plantadas de más de dos docenas de variedades a partir de las cuales se elabora un amplio abanico de vinos, tanto monovarietales como de corte.

Si hay que destacar algunas bodegas que han situado los vinos tintos de su región en lo más alto, una es la de él, que se enorgullece de su Kopar (2017: Cabernet Franc 50%, Merlot 40%, Cabernet Sauvignon 10%) y Solus (Merlot 100%), entre otros. Además, su hija (Andrea) recién ha lanzado una nueva línea de producto de cosméticos con aceite y polvo de semilla de uva para ayudar a mantener la piel joven, que en poco tiempo ha logrado buena aceptación y contribuye así a incrementar la popularidad de la bodega.

La añada de 2016 de la uva Fekete Járdovány hizo que el vino fuera un objeto de deseo de los aficionado a las joyas enológicas (Foto: József Kosárka)

La región vinícola de Villány  abarca unas 2.500 hectáreas en las cuales se cultiva más de medio centenar de variedades. Tiene un clima submediterráneo y suelo arcilloso (con pizarra y loess) que han creado condiciones ideales para el desarrollo de la vitivinicultura desde la época romana. Los magiares que llegaron a la Cuenca de los Cárpatos en el siglo IX también hicieron buen uso de estas tierras para hacer que ésta sea una práctica que contribuye al desarrollo económico y marca indeleblemente la idiosincracia del pueblo. (El primer documento al respecto es fechado en 1247 y en ésto se menciona las parcelas en el pueblito de Harsány).

Actualmente, la gran mayoría de la superficie es plantada por uvas tintas cuya participación alcanza el 70% de la total. Las de mayor proporción son las Cabernet Sauvignon (18%), Portuguiser (15%), Cabernet Franc (13%), Merlot (11%),Kékfrankos (10%). Entre las blancas dominan las Olaszrizling (8%), Chardonnay (3%), Rajnai Rizling (2%). Sus productores estuvieron entre los primeros en aprovechar las nuevas posibilidades de libertad del proceso de la transición política y económica de Hungría y durante menos de una década varios de ellos llegaron a ser estrellas del sector vitivinícola húngaro (y siguen en primera fila aún hoy día).

En años recientes, la región adquiere cada vez más reconocimiento y fama debido al Villányi Franc que indica un vino producido a base de la Cabernet Franc y es clasificada como Super Premium. (En este caso se limita el rendimiento máximo de uva a 5 toneladas por hectárea y se requiere un grado alcohólico de 12,83 % como mínimo. Debe tener 24 meses de crianza en total, de los cuales por lo menos 12 meses deben ser reposados en barrica de roble).

El crecimiento de la cantidad de enoturistas que la visitan sigue siendo considerable. La gran mayoría de las bodegas ha apostado por abrir sus puertas a los visitantes y fomentar el enoturismo de primer nivel que les ofrece amplia oferta hotelera, de servicios y de ocio con una gastronomía rica asi como diferentes celebraciones durante todo el año (Festival del Vino Tinto, Fiesta del Rosé, Pan-Art Festival/Ordogkatlan).