Vuelta a Ayacucho

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Escribe Paola Miglio

Los recuerdos que tengo de Ayacucho son más bien breves imágenes, sensaciones, olores y colores. Todo lo que pude registrar de pequeña y que se completa con las historias que contaban mi abuela Inés, mi mamá y mis tíos. Nunca pude regresar. Conflictos sociales y destiempos familiares hicieron que nos mantuviésemos alejados de aquella tierra que acogió a mis bisabuelos. Solo mi tío Gotardo quedó de  guardián y dueño de la casa en forma de F que mandó construir mi bisabuelo Federico a principios de 1900. Jamás dejó su trinchera, que a su muerte, perdimos por traiciones y leguleyadas.

La casa sigue ahí. Hoy entré de nuevo después de más de 30 años. El pórtico está intacto, pero está vacía… sin embargo, aún pude sentir ese miedo a los truenos que hacían que me metiese debajo de la gran mesa de madera del comedor y las voces tranquilizadoras de mi mamá y mi tío tratando de persuadirme de que ya iba a pasar. Trato de poner en orden los recuerdos: el camino a la casa de la nana Agustina, la historia de su maravillosa jalea de nísperos, el arenoso sabor de los bizcochos, los dulces de almendras y turrones de las clarisas y el aroma anisado de las chaplas.

El cielo lila se me confunde entre las cientos de madejas que almacenaba mi tío Gota en su tienda de lanas que tampoco existe más. Y entre todo, se filtran los personajes que habitan esas fotos blanco y negro del álbum de mi abuela que miré fascinada durante años, se mezclan con los colores de las brillantes artesanías de los hojalateros y las tejedoras. Porque en Ayacucho las cruces y los hilos se hacen de pedazos de cielo y atardeceres. Así, moradas, azules… inolvidables.

PD. Agustina me dio la receta de la jalea de nísperos que preparé ni bien llegué a Lima. Mi papá fue el encargado de pelar cada fruta luego de sancochar un kilo, y yo removí por cinco horas seguidas el dulce. El resultado fue casi perfecto: el sabor de infancia estaba, pero me faltó tamizar con una tela el puré. No salió cristalina. Es chamba dura, pero compensa. La comimos con chapla caliente, sobre queso y sola. La receta se queda en casa. De aquí no sale.